Guia de viaje de

París

Catacumbas de París

El Ying, sin el Yang, nunca hubiera sido símbolo de equilibrio. El blanco y el negro, la risa y el llanto… Todo encuentra su sentido en su contrario. París también. París es luz, y es sombra. París es vida y, así, es también muerte, por eso hoy, os presentamos la parte más oscura de la ciudad: Las Catacumbas de París.

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Las catacumbas de París son el reino de los muertos, de las tinieblas, de las leyendas, del misterio, del miedo. No están ahí para dejarnos impasibles, pero el viaje requiere una dosis de recuerdo. Las catacumbas hay que recorrerlas sabiendo que, por ese rato, somos los invitados de un mundo que aún no es nuestro. Aquí el mundo es de los que ya no lo habitan, de los que no están, pero estuvieron.

Historia de las Catacumbas de París

Las catacumbas no siempre fueron el espacio en el que se consolidase el paso entre los dos mundos. Las catacumbas de París fueron, en la época romana, unas canteras de piedra caliza. Y de estas canteras partió la construcción de muchos de los monumentos que hoy podemos ver y que hoy podemos disfrutar. Era la época en la que a las catacumbas se las conocía como “Les carrieres de París”.

Las cosas cambian a lo largo del siglo XVIII, de pronto la ciudad no podía dar sepultura a los muertos y se recurre no solo a las fosas comunes, sino también a llevar a cabo los entierros uno sobre otro a modos de auténticas pilas de cadáveres. 

No solo la falta de espacio se vuelve un gran problema, las malas condiciones de las sepulturas hacen que las enfermedades y las epidemias asolen la ciudad. La  necesidad de una solución empieza a ser urgente, y fue Alexander Lenoir, arqueólogo francés, quien por aquel entonces tiene la idea de utilizar las viejas minas que cruzaban París a través de la Avenue de Colonel Henri Rol Tanguy, para guardar los cádaveres.

En 1786 se decide el traslado de los primeros restos a las catacumbas. El primer cementerio en iniciar el viaje es el de Los Inocentes, en Les Halles. El 7 de abril llegaban los primeros restos a su destino definitivo. No lo sabían aún, pero empezaba así la construcción de la única parte de París que no iba a ser de los parisinos, al menos no de los que aún vivían.

Décadas duró el proceso de llenar las canteras. Más de seis millones de cuerpos a lo largo de 300 kilómetros. Al principio no se seguía ningún orden especial a la hora de colocar los restos que iban llegando, pero esta práctica cambia cuando Hericart de Thury, inspector general de las canteras, decide poner orden apilando los huesos largos y las calaveras, actuando de esta manera, como una fachada. 

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Las catacumbas de París no solo sirvieron para dar descanso a infinidad de cadáveres. También dieron en varias ocasiones, y aunque parezca contradictorio, refugio a aquellos que aún no necesitaban de descanso eterno sino que más bien intentaban huir de él. Aquí se escondieron los habitantes de París que huían de la Revolución francesa. Además, durante la Segunda Guerra Mundial, también fue refugio para parte del grupo de resistencia francesa.

De los más de 300 kilómetros que las catacumbas tienen, apenas se puede recorrer uno. El resto no están abiertos para las visitas y es sabido que perderse en ellos puede significar no encontrar el camino de vuelta.

Leyendas de las Catacumbas de París

Dicen que en el año 1961 un grupo de amigos, jugando a la aventura se adentraron en las catacumbas, desoyendo las precauciones que el miedo aconseja. Iban en fila de uno, cada uno con su antorcha y todo iba bien hasta que una ráfaga de viento apagó las antorchas, entonces el pánico se apoderó de ellos hasta que uno de ellos, Henry, consiguió recuperar la calma, encendió su antorcha y pudo de esta manera encender la de los demás.

Agarró la mano del compañero que lo seguía y rehaciendo la fila de a uno iniciaron la salida, al final consiguieron ver la luz de nuevo. Ya llegaban, pero cuando Henry se giró, solo una sombra le miraba fijamente, sus amigos no estaban, nunca le habían seguido. A trompicones salió a la superficie. Sus amigos no salieron. Nunca más se supo de ellos.

Todas estas historias, los cadáveres que se apilan y el no conocer los pasillos en su totalidad construyen los primeros momentos del destino final de estas catacumbas: son la puerta del infierno.

Recorrer las Catacumbas

Las catacumbas de París se comienzan a explorar descendiendo a ellas a través de una escalera que nos lleva a un largo pasillo. Este largo pasillo ya nos pinta de un poco fantasmagórico el recorrido que tenemos por delante. “Copia de París” se le llamó a este trecho durante años, pues en sus paredes se nos indican las calles por las que estaríamos transitando, si estuviéramos en la parte de arriba, en el París de los vivos. Junto a este “callejero” numerosas citas permanecen impresas para que no olvidemos el viaje que vamos a comenzar: es por la maldad del diablo que la muerte entró en el mundo al son de las trompetas los muertos resucitarán.

Catacumbas de París, guía, Buendía Tours

Desde luego no son especialmente halagüeñas, pero aun así continuaremos adelante, dejando este pasillo, llegamos al “Taller”, que fue una antigua cantera. Recorreremos la sala en la que están tallados en piedra los edificios que esculpió Antoine Decure, este antiguo combatiente del ejército francés reconvertido en inspector de la cantera, talló, en torno al año 1777, la fortaleza de Mahón, fortaleza en la que él mismo fue preso de los ingleses varios años. Estamos en la llamada Galería de Port Mahon.

Tras esta sala, el “Baño de los pies de los canteros”, que no es un baño tal pese a su nombre, fue un caudal de agua que transcurría de forma subterránea y que cumplió una función práctica en las actividades que se desarrollaron: aquí se hacía, aquí se mezclaba, el cemento necesario para los trabajos de albañilería.

La sala anterior al osario explica de manera detallada la formación del mismo. Y al fin, el osario, dejamos atrás nuestra forma de vida, pasamos a recorrer los tramos en los que no encontraremos restos de vida.

El osario

Dos pilares de albañilería enmarcan la entrada de este París sin luz, en el dintel una advertencia. Escueta, clarificadora, necesaria, inolvidable: “Árrete, c'est ici l'empire de la mort" (Detente, he aquí el imperio de la muerte).

¿Continuamos, no? Los restos óseos apilados, de las Catacumbas de París, nos hablan de un reino de la muerte, un reino quizá con otras normas, pero durante este transcurrir de huesos, también encontramos los guiños que hacen los hombres. Así aparecerá, por ejemplo, un corazón con calaveras. También veremos la “fuente de la samaritana”, en cuyas paredes se colocaron huesos provenientes del cementerio de los Inocentes y aún dentro del osario tenemos que visitar la “lámpara sepulcral”. Esta “lámpara” aparte de ser el primer monumento levantado en las catacumbas, era el lugar en el que los canteros mantenían siempre una llama encendida para permitir la circulación del aire

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Texto en la pared del Osario

La tumba de Gilbert, el poeta no se encuentra aquí enterrado, aunque aquí sí que reposan algunos de sus versos, y los recuerdos al combate de la manufactura de Reveillon y al combate en el castillo de las Tullerías, son también paradas de nuestro recorrido por este imperio. Como nota característica aquí están los únicos cuerpos que fueron enterrados directamente. Casi que paremos donde paremos, la muerte siempre tienen manera de salir a recordarnos no solo la fragilidad y la futilidad de la vida, sino que estos pasillos, son sus pasillos.

Antes de alcanzar la salida y, de alguna manera volver a la vida, tenemos que detenernos en la “Cripta de la Pasión”, en la que uno de sus pilares da forma a un tonel que se cubrió, de cráneos y de tibias. La “tibia rotunda” lo llaman. Esta “obra” se llevó a cabo entre la media noche y las dos de la madrugada del 2 de abril de 1897, fruto de una reunión secreta de artistas, burgueses y sabios con la ayuda de varios obreros.

Una vez fuera del osario, aún tenemos por descubrir las “campanas de Fontis”, “La Cloche de Fontis”, una bóveda que resultó de un hundimiento subterráneo. Puede parecer tétrico, pero dejando las leyendas, visitad las catacumbas sin miedo, no pasa nada por sobrecogerse, ni siquiera pasa nada por sentir que bajo París, late (o no late, precisamente) otro París.

Consejos para visitar las catacumbas

Huesos en las Catacumbas de Paris, Buendía Tours

La especialidad de las Catacumbas de París, hace que haya que tener en cuenta ciertas condiciones para el adecuado disfrute de la visita.

  • Hay que tener en cuenta que hay 130 escalones de bajada y 83 de subida, lo que complica cuanto menos la visita en personas de movilidad reducida o situaciones similares.
  • Está desaconsejada, desaconsejada no prohibida, la visita a quienes padezcan problemas cardíacos o respiratorios.
  • En este mismo sentido probablemente este no sea el mejor lugar para quienes sean especialmente sensibles o para los niños. En todo caso, los menores de 14 años deberán ir siempre acompañados de un adulto.
  • La visita dura sobre una hora y no hay baños públicos.
  • La temperatura de las catacumbas se mantiene más o menos constante todo el año en torno a los 14º, esto es de especial interés en verano porque debemos ir preparados para temperaturas inferiores a las que, probablemente, hayamos dejado en el exterior.
  • Las fotografías durante la visita están permitidas eso si, sin hacer uso del flash, ni del trípode.
  • Y probablemente lo que más haya que observar es que cualquier intento de sustracción y/o deterioro o manipulación de los huesos, será puesta a disposición judicial. Debemos tener presente que a la salida los bolsos y las mochilas serán revisados.

Pero París tiene mucho que ofrecer y como desde Buendía Tours queremos que aprovechéis vuestra estancia en Paris al máximo os ofrecemos todas estas actividades y excursiones en París 

Preguntas frecuentes sobre las catacumbas de París

  • ¿Qué pasó en las catacumbas de París?

    Las catacumbas de París, antes de ser catacumbas, fueron canteras de piedra caliza. Cuando se extrajo toda la roca, quedó un hueco vacío. Esto ocurrió a la vez que la ciudad se dio cuenta de que no podía dar sepultura a tantos muertos, además las enfermedades y epidemias asolaban la ciudad. Fue entonces cuando se decidió usar las viejas minas para el traslado de cadáveres. 

  • ¿Cuánto miden las catacumbas de parís?

    Las catacumbas de París miden 300 kilómetros de largo, sin embargo, solo se puede recorrer un kilómetro. Todos los demás están cerrados y son como un laberinto. 

  • ¿Cuánto se tarda en recorrer las catacumbas de parís?

    La duración media de la visita a las Catacumbas de París es de 45 minutos.

  • ¿Es una visita peligrosa?

    La visita en si no reviste ningún peligro, pero puede resultar impactante para personas impresionables, además algunas personas claustrofóbicas pueden sentir cierta aprensión a realizar el recorrido bajo tierra (aunque en ningún momento hay ningún pasaje excesivamente estrecho).

  • ¿Quién creó las catacumbas de París?

    Como ya decíamos, las catacumbas de París fueron una vieja mina de piedra caliza, pero la idea de trasladar los cadáveres a estos espacios, fue de Alexander Lenoir, un arqueólogo famoso francés. 

  • ¿Qué cosas están prohibidas dentro de las catacumbas?

    Hay varias cosas que no están permitidas dentro de las catacumbas de París: Comer, beber o fumar, tomar fotografías con trípode, tocar ninguno de los huesos en ninguna de las salas, llevar bolsas o mochilas de más de 30 x 40 cm (no hay consigna).

Ubicación de las Catacumbas

  • Catacumbas
    • Avenue du Colonel Henri Rol-Tanguy

Cómo llegar a las catacumbas de París

  • Metro

    • Parada Denfert-Rochereau
  • RER

    • Parada Denfert-Rochereau
  • Bus

    • Parada Denfert-Rochereau

Detalles

  • Horario

    • 9:45 a 20:30 hMartes a Domingo

     

  • Precio

    Catacumbas y exposición

    • Con audio guía:  27 

    Hay tarifas reducidas para jóvenes y opción de entrada de última hora, que son más baratas

    Antes, también se podía escoger las entradas de Catacumbas y cripta arqueológica, pero actualmente, la cripta está cerrada tras los incendios de Notre Dame.