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Bruselas

Invernaderos reales de Laeken

Los Invernaderos Reales de Laeken son como un pequeño paraíso tropical a las afueras de Bruselas.

  • El interior de los invernaderos reales de Laeken
    El interior de los invernaderos reales de Laeken
  • Exterior de los invernaderos reales de Laeken
    Exterior de los invernaderos reales de Laeken
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Mandados construir por Leopoldo II en la segunda mitad del siglo XIX, atraen actualmente a miles de personas durante el breve período de tiempo al año que permanecen abierto al gran público en el momento preciso de floración de la mayor parte de las especies que acoge.

Historia

Si por algo podemos disfrutar hoy en día de los Invernaderos Reales de Laeken es gracias a la coincidencia de dos circunstancias: por un lado, los progresos que supuso en el ámbito constructivo la Revolución Industrial; y por otro lado, el afán constructor del rey Leopoldo II.

Los invernaderos tal como los conocemos hoy en día, como construcciones de acero y cristal en cuyo interior se crea un microclima en el que se pueden cultivar plantas fuera de su época de floración o en climas diferentes al de su lugar de origen, nacen a mediados del siglo XIX gracias a los avances tecnológicos de la Revolución Industrial que permitirá la utilización de metal como soporte básico de las nuevas creaciones arquitectónicas, y del cristal como elemento que reemplazaría los muros convencionales. Los primeros invernaderos de este tipo proliferaron en las grandes capitales europeas de la época, como Londres, París o Madrid.

Hay que recordar que Leopoldo II, el que fuera el segundo rey de Bélgica, era un monarca sumamente acomplejado de su país: un país no muy extenso, en el corazón de Europa y rodeado de las grandes potencias del momento. Para mitigar esto, quiso captar la atención internacional a base de construir enormes monumentos como el Palacio de Justicia, el arco de triunfo del Parque del Cincuentenario o la Basílica del Sagrado Corazón, todas ellas en Bruselas.

Fue también este rey quién convirtiese el Castillo Real de Laeken, a las afueras de la capital belga, en la residencia real habitual, pues hasta entonces los monarcas ocupaban el Palacio Real de Bruselas, en el centro de la ciudad. Aparte de los terrenos de Laeken, el rey poseía a título personal el Estado Libre del Congo, lo cual puede haber influido considerablemente en las descomunales proporciones de estos invernaderos ya que gran parte de las plantas que podemos ver en ellos procedían de esta propiedad privada del rey belga en África.

La construcción de los Invernaderos Reales de Laeken fue ordenada por el propio rey mientras que la responsabilidad de las obras recayó en el arquitecto Alphonse Balat, que levantó esta ciudad de cristal entre 1874 y 1895. No cabe duda que la utilización del hierro, el acero y el cristal por parte de Balat influiría años más tarde en su discípulo más fructífero, Victor Horta.

Invernaderos reales de Laeken

Los Invernaderos Reales de Laeken se encuentran dentro de los Jardines Reales del Palacio Real, por lo que en un paisaje cuidado de bosques, lagunas y colinas nos encontraremos con lo que parece una ciudad construida en cristal. Además, podremos ver entre la arboleda la pagoda japonesa construida con motivo de la Exposición Universal de 1897.

Para acceder a los Invernaderos Reales de Laeken deberemos adentrarnos en los terrenos del Castillo Real de Laeken, motivo por el cual siempre veremos a nuestro alrededor agentes de seguridad delimitando el camino a seguir. Es una ocasión perfecta para tomar una fotografía del palacio donde vive la familia real belga antes de seguir con el recorrido y adentrarnos en los jardines.

Durante la visita se deberá seguir dicho camino delimitado, sin poder salirse de él por motivos de seguridad, pero aún así siempre se obtendrá una fantástica panorámica de lo que son los Jardines Reales, disfrutando de la variedad de paisajes concentrados en un mismo entorno.

Flores en Los invernaderos de los jardines reales de Laeken
Flores en Los invernaderos de los jardines reales de Laeken

Tras un paseo por los jardines se adentrará uno en los invernaderos por su extremo más alejado al punto por el que accedimos a la propiedad privada de los reyes belgas. A partir de entonces se iniciará el retorno por el interior de los invernaderos, pasando de grandes construcciones que parecen catedrales en cristal a estrechos pasillos que conectan estas construcciones mayores. Los pasillos acristalados están igualmente llenos de vegetación a ambos lados e incluso sobre nuestras cabezas veremos innumerables flores diminutas de colores muy vivos que nos hará pensar que caminamos bajo una lluvia floral.

Al salir de estos estrechos pasillos para adentrarnos nuevamente en uno de los grandes invernaderos producirá que nos sintamos aún más sobrecogidos por la diferencia de dimensiones.

Desde el interior de los invernaderos podremos acceder también a una pequeña cabaña que recuerda a la de Blancanieves y los siete enanitos, al entrar en ella descubriremos que en realidad fue en su día el taller de la reina consorte, Isabel Gabriela de Baviera, donde hacía esculturas y jarrones de cerámica.

Pero si estos invernaderos ya nos sorprenden, tanto por la construcción como la gran variedad de vegetación exótica a la que protegen de las inclemencias del tiempo belga, donde pequeñas plantas de diminutas flores o enormes helechos cuyas hojas se desenrollan para saludar al visitante, es porque aún no hemos visto la joya de la corona, nunca mejor dicho, ya que el invernadero más impresionante es una enorme cúpula de hierro y cristal en cuya cúspide el arquitecto Balat situó una gran corona de hierro forjado en honor a la monarquía. Este invernadero es tan monumental y se diferencia del resto hasta tal punto que tiene su propio nombre, "Jardin d'Hiver" o "Jardín de Invierno". Cumplía la función de salón de recepciones políticas y no cabe duda de que personalidades, políticos y monarcas habrían quedado tan sorprendidos como nosotros por contemplar tal construcción donde las altas palmeras que crecen bajo su protección ni siquiera rozan la cúspide de la cúpula. En su centro podremos observar un anillo de imponentes columnas de estilo dórico que a pesar de su altura empequeñecen al lado de las palmeras.

Este es el punto culminante de los Invernaderos Reales de Laeken los cuales abandonáremos no sin antes pasar por la tienda de recuerdos. Volveremos sobre nuestros pasos del principio de la visita para despedirnos del Castillo Real de Laeken y al darnos media vuelta para salir veremos en el horizonte el monumento a Leopoldo I en el Parque de Laeken.

Ubicación de los jardines reales de Laeken

Su dirección exacta es: Avenue du Parc Royal, 1020 Bruselas.

  • Horario

    • 3 Semanas al año entre Abril y Mayo
    • Horario irregular
  • Precio

    • General: 2,50 €
    • No existe posibilidad de reservar ni adquirirlas por internet
    • No se organizan visitas guiadas

Como llegar

  • Metro

    • Línea 6 - Parada "Bockstael"