Italia

Guia de viaje de

Venecia

Museo Peggy Guggenheim

Pensar en Venecia, antes de haberla recorrido, es inevitablemente pensar en el agua que la recorre y en las máscaras que parecen pretender esconderla. Probablemente luchar contra esa idea sea algo pretencioso, sobre todo porque efectivamente Venecia es gran parte camino, abierto bajo la mirada permisiva del agua, y escondite brillante, permitido por los soberbios reflejos de sus osadas caretas.

Entrada al Museo Peggy Guggenheim
Entrada al Museo Peggy Guggenheim

No luchamos pues contra esa idea, pero démosle entonces, una mayor dimensión a la misma. No luchemos, pero no renunciemos tampoco al lujo de conocer la Venecia que hay más allá de esas estampas. En Venecia, así, se abre una ventana maravillosa al arte moderno, a las vanguardias más controvertidas. Una ventana saca a Venecia de su círculo más conocido y la arroja al riesgo de lo arriesgado. Esa ventana está en el Museo Peggy Guggenheim. Y es una parte muy importante de la ciudad de los canales. Quizá por haber nacido de la mano de una mujer desgraciada, provocadora, ávida de cultura y rica a partes iguales. Quizá por tener alojadas en sus paredes auténticas obras de arte que no dejarán impasible a nadie. Quizá por todo esto, quizá por nada de todo esto o quizá sólo porque el agua y las máscaras de Venecia recorren y esconden mucho más de lo que somos capaces de imaginar…

Historia

No es posible la historia del Museo Guggenheim sin detenerse en la historia de Marguerite Guggenheim. Una historia siquiera a saltos, porque la biografía y por ende la historia de esta mujer, derramó ríos de tinta. Lo que si hay que hacer, es permitirle ocupar de nuevo las primeras páginas de la historia, pues a fin de cuentas, la historia de este museo va a golpe de vida de esta mujer.

“Era tan pobre que no tenía más que dinero…” escribió acertadamente Joaquín Sabina de otra rica heredera, y tal cual podía haber firmado la famosa canción para Peggy Guggenheim. Excéntrica, caprichosa, manipuladora, excesiva, profundamente acomplejada, vengativa…todo lo tuvo para dejar a sus espaldas una vida llena de capítulos tormentosos y atormentados.

Pero ahora que afrontamos la visita a uno de los museos de arte moderno más importantes de Europa y de Estados Unidos, es inevitable pensar que bajo tanta vida tan frívola, en algún punto, comenzó a latir un corazón al mismo ritmo del del arte al que consagró la mejor parte de lo que ella pudo ser y lo mejor que de ella misma logró rescatar.

Peggy Guggenheim compró numerosas obras de arte, fue mecenas de numerosos artistas y aún contribuyó a salvar del horror que asoló Europa bajo las siglas nazis tanto a unas como a otros.

En 1942 abandona Europa e instalada en Nueva York, funda el “Art of This Century”. No iba a parar mucho tiempo en la ciudad de los rascacielos, pocos años más tarde, en 1947 encuentra su rincón en el mundo: Venecia. Y aquí, en el Gran Canal que habría de recorrer en su góndola privada (una de sus excentricidades) todos los días, levantó el maravilloso Museo Guggenheim.

La colección que aquí se ampara es magnífica, el ojo de esta polémica mujer (que saltándose cualquier debate, nunca dejó indiferente a nadie) y su extraordinaria capacidad no sólo para rodearse de buenos asesores, si no para, además, dejarse aconsejar por ellos, ponen a salvo el nombre de Peggy Guggenheim, lo salvan de debates, lo colocan al lado del arte. Y esto no se discute.

Nadie mejor que uno mismo es capaz de llegar al fondo de sí. Es cierto, como os dijimos que la biografía de esta mujer volcó tintas, pero probablemente ningún renglón de todos los escritos estuvieran tan cerca de su verdad como la definición que ella se regaló a sí misma: “Yo no soy una coleccionista. Yo soy un Museo”

Margueritte Guggenheim muere en Venecia un 23 de diciembre de 1979. A su muerte la gestión del museo pasa a manos de la Fundación Solomon R. Guggenheim. Le dejaba a la ciudad un legado de arte. La ciudad lloraría la muerte de la última Dogaressa.
 

Edificio del Museo Guggenheim

Cuando Peggy Guggenheim regresa de Nueva York, empieza la búsqueda en la ciudad de Venecia de su casa. Y ésta habría de encontrarla en el Palacio Venier dei Leoni, un palacio cuya construcción se inició en el año 1748 bajo un proyecto del arquitecto Lorenzo Boschetti.

El palacio recibe su nombre por las cabezas de león que hay en la entrada…bien, en este punto hay que mencionar una historia que cuenta (no nos gusta nada una leyenda en Buendía…) que el nombre lo pone un león que vivía encerrado en una jaula del Palazzo.

Tal como lo podemos observar desde el Gran Canal, es un palacio incompleto. No se sabe con exactitud si fueron los problemas económicos que acuciaron a la familia Vernier, si tuvo más que ver la invasión de Venecia por las tropas francesas o las quejas de los vecinos, pero lo cierto es, que de las tres plantas que se proyectaron en un principio, solo se levantó una de ellas. Azares extraños del destino, esta interrupción lo convirtió en un palacio diferente, un palacio que poco o nada tiene que ver con el resto de los palacios levantados en Venecia. Tal vez esto fuera lo que hiciera que Peggy se decidiera a convertirlo en su hogar.

Así, el palazzo non finito, que es como se le conoce, recupera toda la vida que la detención de las obras le negó, cuando Peggy levanta aquí el Museo Peggy Guggenheim. Y así comienza de nuevo la historia….
 

El Museo Peggy Guggenheim

En este palacio Venier dei Leoni en que Peggy recaló, hay a día de hoy una de las colecciones más importantes en torno al cubismo, al futurismo, a la pintura metafísica, a la abstracción europea, a la escultura avant-garde, al surrealismo y al expresionismo americano.

Ya desde el Canal podemos ver una muestra de lo que fue su dueña, de las intenciones provocativas y provocadoras que siempre arrastró con ella e incluso lanzó por delante de ella. Desde el Gran canal, es visible la obra “El Angel de la ciudad”. La provocación en esta escultura de Marino Marini, se ve aún sin estar justo a su lado. A la entrada del museo empezareis a entender todo lo que os queremos contar.

Bien serán dos horas las que nos llevarán recorrer el Museo y admirar las diferentes obras que en él nos iremos encontrando. Los autores, las obras y la magia de unos y de otras están en todas las esquinas del Museo Guggenheim.

El Museo se divide en doce salas y cada una de ellas lleva el nombre que Peggy le puso. Por hacernos una idea de lo que vamos a ir viendo y de los tesoros que esperan a ser descubiertos en cada habitación, en el vestíbulo ya nos recibirán dos Picasso y un móvil de Calder. En el comedor, probablemente esperando a sentarse una vez más a la mesa, Duchamp y Gleizes, entre otros. La biblioteca que tantas y tantas fiestas vistió, es el lugar elegido por De Chirico, por Ernst, también por Miró. La Sala Grande para otros grandes, como por ejemplo los inalcanzables Dalí o Margritte. Jackson Pollock es un habitante importante, motivo por el cual tiene en el palacio su propio cuarto de invitados. En el baño quedaron los dibujos de la desafortunada hija de Peggy, Pegeen Vail. Y en la cocina podemos ver al frente a Severini y a Kandisnky.
 

El jardín de esculturas Nasher

Otra de las partes a las que sin duda hay que dirigirse a lo largo de la visita al Museo, es el Jardín de Esculturas Nasher, en el que podemos ver y disfrutar de esculturas ya a modo de colección permanente del Museo. Las obras que aquí se exponen, a falta de citarlos a todos, son de Moore, Giacometti, Brancusi, Yoko Ono, Anish Kapoor…

Pero no sólo están aquí las esculturas, otro de los alicientes ineludibles de este rincón, es que aquí descansa la propia Peggy Guggenheim y aquí descansan también los seres que mejor la supieron querer y a los que ella probablemente menos le costó amar. Junto a ella, bajo el epígrafe “aquí yacen mis adorables bebés” descansan también los 14 perros que la fueron acompañando a lo largo de su vida.
 

Escultura en el Museo Peggy Guggenheim

Colección Gianni Mattioli

Como un préstamo ya a largo plazo está en el Museo Guggenheim de Venecia una exposición particularmente interesante. Es la colección del gran coleccionista Gianni Mattioli. La colección alberga algunas de las grandes obras del futurismo italiano y entre otras, en la sala dedicada a esta colección, veremos a Giorgio Morandi, Carlo Carrá, Giacomo Balla, Umberto Boccioi, Mario Sironi e incluso un retrato de Amadeo Modigliani.

Algunas de las obras de la colección Peggy Guggenheim

Por si los alicientes para visitar este Museo hasta ahora, no fueran suficientes, si sois amantes del arte estamos seguros que hace rato sabéis que este es uno de los rincones de la ciudad a visitar, estas son algunas de las obras, que a modo de aliciente irrefutable, os están esperando:

  • “El poeta”, de Pablo Picasso
  • “El clarinete”, de George Braque
  • “Hombre triste en un tren”, de Marcel Duchamp
  • “Composición n.1 con gris y rojo”, de Piet Mondrian
  • “Paisaje con mancha roja”, de Vasili Kandinsky
  • “Mujer sentada II”, de Joan Miró
  • “El imperio de la luz”, de René Magritte
  • “El nacimiento de los deseos líquidos”, de Salvador Dalí
  • “La mujer luna”, de Jackson Pollock

Ubicación del Museo Peggy Guggenheim

El Palazzo Vernier dei Leoni, el palacio inacabado en el que se encuentra el Museo Peggy Guggenheim, se levanta en el Gran Canal que recorre Venecia. Se ve fácilmente entre el Puente de la Academia y la Basílica de Santa María della Salute.

Su dirección exacta es: Palazzo Venier dei Leoni, Dorsoduro 701 I-30123 Venezia.
 

  • Horario

    • 10:00 a 18:00 h - Todos los días

     Los billetes se pueden adquirir hasta media hora antes del cierre

  • Precio

    • General: 15 €
    • Mayores de 65 años : 13 €
    • Entre 10 y 18 años y Estudiantes menores de 26 años: 9 €
    • Menores de 10 años, Personas con discapacidad y acompañante: Gratis